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Cuando el artículo es más caro que el experimento: dilemas del acceso abierto en Argentina

[Version espagnole de l’article « Quand l’article coûte plus cher que la manip : les dilemmes de l’accès ouvert en Argentine »]

La primera vez que escuché sobre el acceso abierto, me imaginé algo ideal: resultados científicos disponibles para todos y artículos circulando libremente en internet como un bien común. Pero lo ideal se volvió más complejo cuando descubrí la existencia de los cargos por procesamiento de artículos (APC, por sus siglas en inglés, Article Processing Charges), porque, obviamente, alguien vio ahí una oportunidad de negocio. En pocas palabras: pagar para publicar. Y no hablamos de unos cuantos pesos, sino de miles de dólares por artículo, dependiendo de la revista. En los países hegémonicos, estos costos suelen estar incluidos en los presupuestos de investigación, lo cual los vuelve « accesibles » para los investigadores. En cambio, en América latina, la historia es distinta.

En este artículo quiero hablarles del caso de Argentina, un país atravesado por una crisis financiera persistente y la devaluación de su moneda en los últimos años, que ha hecho de los APC un verdadero obstáculo para la difusión de la ciencia.

Un estudio realizado por Fernanda Beigel, Osvaldo Gallardo, Soledad Gómez y Flavia Prado ofrece información interesante —y un tanto preocupante— sobre cómo los investigadores argentinos afrontan este problema. En él se recopilaron 1,085 respuestas completas de investigadora(e)s que, durante los últimos cinco años, habían dirigido proyectos financiados por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), la principal fuente de financiamiento para cubrir los APC de las publicaciones.

La mayoría de los encuestados señaló depender de fondos nacionales, principalmente de la Agencia I+D+i, de las universidades públicas y del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). El financiamiento internacional también está presente, pero de manera más limitada: solo una minoría ha dirigido proyectos con fondos extranjeros. Este detalle no es menor, ya que condiciona directamente la capacidad de publicar en revistas que cobran APC.

Las cifras muestran que el 42% de los encuestados nunca pagaron un APC en los últimos cinco años. En cambio, el 57% restante sí lo hicieron: 21% una sola vez y 36% en varias ocasiones. Incluso se observa un patrón generacional: entre quienes tienen 30–40 años, solo el 28% pagaron varias veces durante ese periodo, mientras que entre los mayores de 50 años este porcentaje asciende al 42%.

Ahora bien, el problema no afecta a todas las disciplinas por igual. Las ciencias biológicas y de la salud son las más impactadas: alrededor del 80% de los investigadores tuvieron que pagar al menos una vez, y más de la mitad lo hicieron en varias ocasiones. Campos como biología molecular, inmunología, oncología o microbiología son los más afectados. Por el contrario, en ciencias sociales y humanidades la situación es radicalmente distinta: aproximadamente el 80% nunca pagaron APC. En estas áreas predomina el modelo diamante —revistas en acceso abierto sin costo para los autores, muy común en América Latina— o las revistas cerradas, pero sin costo directo para los investigadores. Entre estos extremos se encuentran disciplinas “mixtas”, como las ciencias ambientales, las ciencias exactas y de la tierra, o algunas ramas de la ingeniería.

Y la pregunta clave sigue siendo: ¿quién financia estos costos? En las disciplinas más afectadas, la estrategia más frecuente consiste en utilizar los fondos de los propios proyectos. Pero esto plantea un dilema evidente: el dinero que debería destinarse a insumos, reactivos o viajes de campo termina siendo desviado a… la publicación.

La otra opción son los waivers: descuentos o exenciones que algunas revistas ofrecen a investigadores de países “en desarrollo”. Pero Argentina (y la mayoría de países latinoamericanos) queda en una zona gris, no lo suficientemente “pobre” para obtener exención total, ni lo bastante “rica” para absorber los costos. Resultado: a veces consiguen descuentos parciales, pero nunca es seguro ni automático, y depende mucho de la revista o de la relación del investigador con las editoriales internacionales.

Otro dato relevante: quienes publican con mayor frecuencia en revistas con APC son también quienes logran acceder a financiamientos internacionales. Es decir, no es solo cuestión de voluntad, sino de redes y recursos: cuanto más conectados globalmente, más oportunidades de publicar… conformando un círculo difícil de romper.

La percepción, en cambio, es casi unánime: el 73% de los investigadores que respondieron la encuesta considera los APC un problema grave, y otro 18% cree que lo serán pronto. Solo el 10% minimiza el asunto. El mensaje es claro: sin importar la disciplina, el cobro por publicar está generando cada vez más tensión en el sistema científico argentino.

Lo que me pareció más interesante del estudio fue la última parte de la encuesta, con respuestas cualitativas. Ahí se percibe una voz colectiva: la frustración frente a subsidios que nunca alcanzan, el enojo hacia los sistemas de evaluación que continúan privilegiando revistas de alto impacto (y casi siempre con APC), y la impotencia cuando deben pagar en dólares con su propia tarjeta debido a las restricciones persistentes del mercado cambiario. Esto les genera impuestos directos en sus cuentas y, posteriormente, se complica enormemente incluir esos pagos en los reportes financieros de los proyectos.

Lo que pasa en Argentina no es un caso aislado: es un espejo de toda América Latina. Quizás la salida esté en reconocer que la ciencia debe circular en todos los niveles a la vez. Que publicar en Nature es importante, pero que una revista latinoamericana que dialogue con nuestras realidades locales también lo es. Que los sistemas de evaluación dejen de jerarquizar solo por factor de impacto y que reconozcan la diversidad de publicaciones. Porque al final, la pregunta no es solo: ¿podemos pagar un APC? La verdadera cuestión es: ¿qué ciencia queremos construir? Una ciencia global pero también local, abierta pero no privatizada, inclusiva y que no dependa del dinero disponible en el presupuesto del proyecto… ni en una tarjeta de crédito personal.

María Gutiérrez Sánchez, investigadora postdoctoral en el Institut Pasteur

 

Fuente: Beigel, Fernanda; Gallardo, Osvaldo; Gómez, Soledad; y Prado, Flavia. «Publicación en acceso abierto y costos por Article Processing Charges (APC) en Argentina». Revue d’anthropologie des connaissances [en línea], 19(2), 2025. Publicado el 1 de junio de 2025. Consultado el 12 de septiembre de 2025. Disponible en: https://journals.openedition.org/rac/38171. DOI: https://doi.org/10.4000/140pa