Une postdoc vous raconte

¿Quién ha escuchado hablar de ciencia abierta durante su doctorado? Una plática entre pares

[Version espagnole de l’article « Qui a entendu parler de science ouverte pendant son doctorat ? Une discussion entre pairs »]

Durante los cuatro años que duró mi doctorado, me repitieron mil veces que publicar en una revista científica era la prueba de que mi investigación había sido un éxito. Que mientras más alto fuera el factor de impacto de la revista, mejor, porque eso hablaba de mi calidad como investigadora. También me dijeron que esa era la clave para conseguir un posdoctorado si quería continuar en el medio académico y la investigación.

En ese periodo me enteré de los precios exagerados que deben pagarse para publicar en esas revistas, que supuestamente definían si mi trabajo “valía la pena” o no, donde se hacía mención de montos de cuatro cifras para las revistas más prestigiosas. Me indignó enterarme de que los artículos tenían que ser evaluados por revisores que no recibían remuneración alguna y que, si yo no pagaba esos costos de publicación, otros investigadores que quisieran consultar mis resultados también tendrían que pagar. Todo parecía girar alrededor del dinero.

No fue sino hasta dos años después de haber defendido mi tesis que escuché hablar de la ciencia abierta, gracias a la oportunidad de escribir en este blog. Fue entonces que comencé a informarme y a tomar cursos, entre ellos el del Institut Pasteur y el MOOC de la Sorbonne Université en la plataforma FUN. Me dio tranquilidad constatar que existe un verdadero movimiento que busca transformar ese paradigma: la ciencia abierta.

Es cierto que dichos cursos se encuentran disponibles en los catálogos para doctorantes, pero opté por priorizar aquellos que estaban directamente vinculados a mi proyecto de tesis, como la utilización de softwares de análisis o cursos para trabajar en bioterios. Las cuestiones sociales no parecían prioritarias cuando el tiempo está contado para entregar algo “científicamente útil y valioso”.

Decidí entonces platicar sobre ciencia abierta con otros doctorantes y doctores para saber si yo era la única que la había dejado de lado. Ninguno de mis colegas de laboratorio tomó algún curso de ciencia abierta durante su doctorado. Isabelle, joven investigadora que defendió su tesis en 2015, me contó que conoció los esfuerzos de Francia por abrir la ciencia hasta que empezó a presentar proyectos de investigación en el Institut Pasteur. Actualmente, los financiamientos exigen el depósito de artículos en el archivo abierto HAL.

Fernando, doctorante en otra unidad de investigación, había escuchado un pódcast sobre ciencia abierta, pero no tomó ningún curso ni en la escuela doctoral ni en el Institut Pasteur.

Más allá del Instituto Pasteur —donde la mayoría de los doctorantes me confesaron haber tenido poco contacto con este tema— me interesé en lo que sucede en otras disciplinas. Conversé con Anahí, Hugo y Tania, estudiantes de doctorado en física en la Universidad Paris-Saclay. Uno de ellos había escuchado hablar de la ciencia abierta gracias a un colega que tomó una formación ofrecida por su escuela doctoral. Sin embargo, decidió no inscribirse, pues optó por otros cursos que consideraba más útiles para el avance de su tesis.

Después tuve la oportunidad de conversar con Valeria, doctorante en ciencias de la gestión en la Universidad de Borgoña. Ella sí conocía la ciencia abierta (lo cual me pareció lógico, ya que considero que las ciencias sociales suelen estar más atentas a las dinámicas abiertas y colaborativas) e incluso había seguido un curso al respecto en su universidad. También me compartió dos medios de divulgación científica en línea que sigue con interés. El primero es Les Rencontres d’UPCité – 13 minutes, un espacio donde jóvenes investigadores (a menudo doctorantes o postdocs) presentan sus proyectos en 13 minutos, de forma clara y accesible, generalmente frente a un público general. Esta iniciativa se inscribe dentro de la ciencia abierta, aunque desde la perspectiva de la relación entre ciencia y sociedad, más que desde el plano técnico (repositorios como HAL, datos FAIR, etc.). El segundo es The Conversation France, un medio que publica artículos escritos por investigadores y académicos en colaboración con periodistas. Estos textos se difunden bajo licencia Creative Commons CC-BY-ND, lo que garantiza su libre circulación.

Continué ampliando mi búsqueda y llegué hasta Bélgica. José, estudiante de primer año de doctorado en ciencias químicas en la Universidad de Gante, me contó que desde el inicio de su formación doctoral ha recibido información sobre los cursos ofrecidos por el equipo de Ciencia Abierta de su universidad. Actualmente, está considerando (¡y yo tratando de convencerlo!) tomar uno de estos cursos.

Finalmente, platiqué con Alan, hoy profesor titular y especialista en seguridad de hardware, quien realizó su doctorado en informática, telecomunicaciones y electrónica en la Universidad de la Sorbona. Me contó que en su momento tomó un curso sobre ciencia abierta como parte de los requisitos de su Proyecto Individual de Formación. En su campo, las publicaciones suelen estar vinculadas a conferencias: grandes encuentros académicos e industriales donde investigadores, ingenieros y empresas presentan sus últimos avances en circuitos y sistemas integrados, inteligencia artificial aplicada al hardware, entre otros. Los artículos científicos se someten a la conferencia y son evaluados por un comité; si son aceptados, se publican en las actas y se presentan durante el evento. Hoy en día, cada vez que Alan somete un proyecto de investigación, comparte de manera sistemática sus preprints en HAL, con un embargo hasta el día de la conferencia. Además, los organismos que financian sus proyectos recomiendan encarecidamente hacer públicos los artículos que no hayan sido aceptados en una conferencia.

Estos testimonios muestran que, aunque la ciencia abierta avanza, sigue siendo un tema marginal en la formación doctoral. Sin embargo, está lejos de ser un simple “extra”: es una competencia fundamental para las y los investigadores del mañana. Integrar la ciencia abierta desde el inicio de los programas de doctorado no solo permitiría fortalecer la transparencia y la colaboración en la investigación, sino también preparar a las nuevas generaciones para convertirse en protagonistas de un cambio profundo en la manera de producir y compartir conocimiento.

No obstante, la formación por sí sola no basta. Se requiere también un cambio real en la cultura científica y en los criterios de evaluación. El hecho de que la mayoría de los directores y directoras de tesis de los doctorantes entrevistados nunca hayan abordado el tema de la ciencia abierta es un síntoma claro de ello. Este panorama abre la puerta a una reflexión más amplia sobre las transformaciones sistémicas necesarias para que la ciencia abierta se consolide de manera duradera en las prácticas de investigación.

María Gutiérrez Sánchez, investigadora postdoctoral en el Institut Pasteur